CORRER TRAS EL VIENTO

Recuerdo una vez que bajando del auto, se me cayeron unos papeles importantes, salí corriendo detrás de ellos y como había viento, cuando trataba de agarrarlos, parecía que ellos salían huyendo de mí y aunque fue toda una odisea atrapar los papeles, lo logré.  Con esta imagen en mi mente pensaba que correr tras algo que el viento se lleva, es una cosa, pero correr tras el viento en sí, no tiene sentido, no puedo alcanzarlo, es una tarea inútil, no vale la pena.   Lo mismo sucede con los afanes que tenemos en nuestra vida diaria.  Precisamente a esta conclusión llegó Salomón, el hombre más sabio que ha existido y quien fue rey de Israel (970-931 a. C.)

Salomón utilizó la sabiduría que Dios le había dado para reflexionar sobre todas las cosas que vivimos en nuestro paso por el mundo.

En el Antiguo Testamento, en el libro de Eclesiastés podemos aprender una gran lección para nuestras apresuradas vidas.

Eclesiastés 2:4-11

4 Realicé grandes obras: me construí casas, me planté viñedos, 5 cultivé mis propios huertos y jardines, y en ellos planté toda clase de árboles frutales. 6 También me construí aljibes para irrigar los muchos árboles que allí crecían. 7 Me hice de esclavos y esclavas; y tuve criados, y mucho más ganado vacuno y lanar que todos los que me precedieron en Jerusalén. 8 Amontoné oro y plata, y tesoros que fueron de reyes y provincias. Me hice de cantores y cantoras, y disfruté de los deleites de los hombres: ¡formé mi propio harén![c] Me engrandecí en gran manera, más que todos los que me precedieron en Jerusalén; además, la sabiduría permanecía conmigo. 10 No les negué a mis ojos ningún deseo, ni privé a mi corazón de placer alguno. Mi corazón disfrutó de todos mis afanes. ¡Solo eso saqué de tanto afanarme! 11 Consideré luego todas mis obras y el trabajo que me había costado realizarlas, y vi que todo era absurdo, un correr tras el viento, y que ningún provecho se saca en esta vida.

Eclesiastés 2:17-23

17 Aborrecí entonces la vida, pues todo cuanto se hace en ella me resultaba repugnante. Realmente, todo es absurdo; ¡es correr tras el viento! 18 Aborrecí también el haberme afanado tanto en esta vida, pues el fruto de tanto afán tendría que dejárselo a mi sucesor, 19 y ¿quién sabe si este sería sabio o necio? Sin embargo, se adueñaría de lo que con tantos afanes y sabiduría logré hacer en esta vida. ¡Y también esto es absurdo! 20 Volví a sentirme descorazonado de haberme afanado tanto en esta vida, 21 pues hay quienes ponen a trabajar su sabiduría y sus conocimientos y experiencia, para luego entregarle todos sus bienes a quien jamás movió un dedo. ¡Y también esto es absurdo, y un mal enorme! 22 Pues, ¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol? 23 Todos sus días están plagados de sufrimientos y tareas frustrantes, y ni siquiera de noche descansa su mente. ¡Y también esto es absurdo!

Aquí vemos al hombre más sabio que ha existido, haciendo un recuento de su vida, de sus logros, de sus posesiones, un hombre que no escatimó esfuerzos para realizar cada uno de sus deseos.  No solo fue el más sabio, también fue el Rey más rico y famoso.  En el versículo 11, Salomón concluye después de reflexionar y considerar todas sus obras que todo el afán por alcanzar objetivos vanos, terrenales, para complacer placeres y deseos es “correr tras el viento” no tiene sentido, no vale la pena.

En los versículos 17 y 18 Salomón expresa algo muy fuerte al decir que aborreció la vida porque todo lo que se hace en ella que no tiene sentido, aborreció profundamente el haberse afanado tanto para obtener logros materiales y terrenales.  Hablar de afanarse es hacer algo con mucho empeño, esfuerzo e interés, es sumergirnos en algo con todas nuestras fuerzas sin escatimar nuestro tiempo, dedicación y empeño.

Podríamos pensar, ¿pero que le pasó a Salomón? ya quisiera yo tener un poquito de su riqueza, fama y sabiduría.  Sin duda lo consideraríamos dichoso, son todas las cosas que creemos que necesitamos para ser felices y por las que trabajamos día a día, ¿cómo pudo llegar a tales conclusiones teniéndolo todo?

Pero yendo a lo profundo, ¿no te suena familiar? ¿te puedes identificar con Salomón? ¿alguna vez has pensado así, que nada tiene sentido? Yo con toda sinceridad puedo decirte que me he sentido así, cuando me afano día a día en el corre corre, en la rutina diaria, en las preocupaciones por las necesidades, siempre hay algo que falta, siempre hay alguna preocupación por los hijos, por el trabajo, sino son las finanzas son las enfermedades, las relaciones afectivas y si no hay algo, nos lo inventamos  y como concluye Salomón, estamos “corriendo tras el viento”. 

El mundo ha cambiado y ahora todo es más rápido, más información, menos espera, impulsados a obtener o a alcanzar algo, no hay tiempo de parar.

Sin embargo, es bueno, justo y necesario; hacer un alto y reflexionar en qué estamos afanadas y reconocer que si todo por lo que luchamos son objetivos vanos y terrenales, tarde o temprano, no le encontraremos sentido a la vida. Pregúntate como Salomón lo hace en el versículo 22: ¿qué gana el hombre con todos sus esfuerzos y con tanto preocuparse y afanarse bajo el sol? 

No importa cuanto has vivido afanada y preocupada por cosas que no puedes cambiar o resolver o que simplemente no están bajo tu control, la mayoría de las mujeres tendemos a vivir así, pero las buenas noticias para ti y para mí es que Dios no enseña la clave de la vida.

Eclesiastés 2:24-25

24 Nada hay mejor para el hombre que comer y beber, y llegar a disfrutar de sus afanes. He visto que también esto proviene de Dios, 25 porque ¿quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios?

Antes de que nos emocionemos con la comida y que subamos unas libritas de más, es importante aclarar, que lo que Salomón concluye aquí es que la clave es DISFRUTAR y la capacidad de disfrutar cada día sin afanarnos y preocuparnos, viene de Dios, la alegría verdadera la encontramos en Dios.

Filipenses 4:4:7

Alégrense siempre en el Señor. Insisto: ¡Alégrense! Que su amabilidad sea evidente a todos. El Señor está cerca.  No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

La alegría está completamente relacionada con nuestra confianza en Dios y esta confianza que nos permite descansar en Dios y dejar todo lo que nos llena de afán, todo lo que nos preocupa e inquieta, todas nuestras ansiedades, viene cuando vamos a nuestro Padre en oración y abrimos nuestro corazón con toda sinceridad y libertad.  También nuestra confianza en Dios se fortalece cuando aprendemos no solo a dejar nuestras cargas en Dios, sino a dar gracias en cualquier situación que nos encontremos, hay muchas razones para dar gracias, solo con valorar la oportunidad de tener un Padre tan amoroso que nos perdona, que nos fortalece, que nos llena de alegría, que cambia nuestra forma de pensar y que le da sentido a nuestra vida, es más que suficiente.

1 Pedro 1:17-19

Si ustedes llaman «Padre» a Dios, que juzga a cada uno según sus hechos y sin parcialidad, deben mostrarle reverencia durante todo el tiempo que vivan en este mundo. Pues Dios los ha rescatado a ustedes de la vida sin sentido que heredaron de sus antepasados; y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, que fue ofrecido en sacrificio como un cordero sin defecto ni mancha.

Dios pagó un precio muy alto para que no viviéramos vidas sin sentido, vidas llenas de afán y preocupaciones, vidas con objetivos únicamente terrenales.  Dios nos rescató de esa vida a través del sacrificio de Jesús en la cruz y gracias a él podemos vivir con significado y propósito, llenas de alegría.

CONCLUSIONES:

  1. Parar y reflexionar en nuestra vida
  2. Evaluar si tenemos objetivos puramente terrenales
  3. Dejar nuestras preocupaciones en Dios a través de la oración
  4. Disfrutar con alegría y gratitud cada día de nuestra vida
  5. Podemos vivir vidas con significado gracias al sacrificio de Jesús en la cruz.

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