SUPERA TUS MIEDOS

Cuando era pequeña tenía mucho miedo a la oscuridad, tenía que dormir con la luz prendida y no me gustaba estar sola. Conforme fui creciendo fui superando ese miedo, sin embargo, a lo largo de mis 45 años de vida, me doy cuenta de que, aunque he superado muchos miedos, conforme vivo nuevas experiencias, también nacen nuevos miedos.  Hay temores instintivos que la mayoría compartimos y que traemos en nuestro ADN, como por ejemplo el miedo a morir.  El miedo viéndolo objetivamente, no es tan malo como parece, pues nos advierte del peligro y nos prepara físicamente para evitar una situación riesgosa, el problema es acostumbrarnos a huir de las situaciones que nos dan miedo, sin racionalizar si ese miedo es real o no.  Y generalmente los miedos que van apareciendo conforme las experiencias, son miedos que aprendemos de otros o derivados de malas situaciones.  Tenemos muchos temores que tienen que ver más con nuestras emociones y sentimientos, que con peligros físicos. Por ejemplo, tenemos miedo a fracasar, miedo a quedarnos solos, miedo al sufrimiento, miedo a que nuestros hijos tomen malas decisiones, miedo a ser heridas, miedo a no cumplir con las expectativas nuestras o de otros y así la lista sigue y es muy larga.  El miedo nos paraliza, nos incapacita, nos llena de ansiedad, nos limita y muchas veces nos mueve a tomar decisiones equivocadas. ¡No tomes ninguna decisión motivada por el miedo! En el Antiguo Testamento, Dios eligió al pueblo de Israel como su pueblo y como los israelitas eran esclavos en Egipto y sufrían mucho a causa de eso, Dios decidió liberarlos de la esclavitud y sacarlos de Egipto con gran muestra de poder, para llevarlos a la tierra prometida, un lugar donde serían libres, un lugar de bienestar, un lugar donde podrían adorar y servir a Dios con libertad, sin embargo, para llegar allí tenían que enfrentar sus peores temores y confiar en Dios.

Éxodo 14:10-14 10 Mientras el faraón se acercaba, los israelitas levantaron la vista y se llenaron de pánico al ver que los egipcios los alcanzaban. Entonces clamaron al Señor 11 y le dijeron a Moisés:—¿Por qué nos trajiste aquí a morir en el desierto? ¿Acaso no había suficientes tumbas para nosotros en Egipto? ¿Qué nos has hecho? ¿Por qué nos obligaste a salir de Egipto? 12 ¿No te dijimos que esto pasaría cuando aún estábamos en Egipto? Te dijimos: “¡Déjanos en paz! Déjanos seguir siendo esclavos de los egipcios. ¡Es mejor ser un esclavo en Egipto que un cadáver en el desierto!”.13 Pero Moisés les dijo:—No tengan miedo. Solo quédense quietos y observen cómo el Señor los rescatará hoy. Esos egipcios que ahora ven, jamás volverán a verlos. 14 El Señor mismo peleará por ustedes. Solo quédense tranquilos.

Sin duda el pánico que sintieron los israelitas era totalmente lógico, había un peligro inminente acechándolos, los egipcios venían tras ellos y delante solo había un gran mar, además habían pasado tanto tiempo esclavos de los egipcios, habían sido maltratados por ellos y habían desarrollado un miedo profundo hacia ellos, los israelitas estaban viviendo las consecuencias de este miedo, no se sentían capaces de enfrentarlos y ganar, por consecuencia, estaban paralizados, su miedo de morir era más grande que su deseo de libertad y llegar a un mejor lugar para ellos y sus familias, como lo era la tierra prometida, pero ellos pensaban ¿cómo podremos salvarnos de morir? pero cuando se trata de Dios, la lógica es diferente y Moisés la entendía, sabía que Dios les había prometido salvarlos de la esclavitud y llevarlos a la tierra prometida y Dios lo cumpliría. Sin duda la confianza en el poder de Dios, era más grande para Moisés, que el miedo que pudo sentir en esta situación, por eso motiva a los israelitas a enfrentar su miedo confiando en Dios, en lugar de huir, les recuerda que Dios peleará por ellos, que no están solos.

Éxodo 14:19-22 19 Entonces el ángel de Dios, que marchaba al frente del ejército israelita, se dio vuelta y fue a situarse detrás de este. Lo mismo sucedió con la columna de nube, que dejó su puesto de vanguardia y se desplazó hacia la retaguardia, 20 quedando entre los egipcios y los israelitas. Durante toda la noche, la nube fue oscuridad para unos y luz para otros, así que en toda esa noche no pudieron acercarse los unos a los otros.21 Moisés extendió su brazo sobre el mar, y toda la noche el Señor envió sobre el mar un recio viento del este que lo hizo retroceder, convirtiéndolo en tierra seca. Las aguas del mar se dividieron, 22 y los israelitas lo cruzaron sobre tierra seca. El mar era para ellos una muralla de agua a la derecha y otra a la izquierda.

Me emociona tanto imaginarme la escena y no es difícil cuando ya has visto muchas películas sobre este episodio.  Todas hemos experimentado algún miedo, ya no solo temor, que es algo más pequeño, sino miedo a algo, que nos paraliza, nos impide avanzar, no queremos intentarlo, a veces ni siquiera queremos reconocer que tenemos miedo, pero andamos evitando la situación que nos lo causa. Lo que me emociona PRIMERO: es que la presencia de Dios que se mostraba como una columna de nube en el día y columna de fuego en la noche (Éxodo 13:21) para guiarlos y protegerlos, se cambia en este momento peculiar donde los israelitas estaban aterrados y en lugar de ir frente a los israelitas, dice en los versículos 19 y 20 que se colocó atrás de los israelitas, entre ellos y los egipcios.  Dios está entre nuestros miedos y nosotras para que éstos no nos alcancen y no logren su efecto aterrador y paralizador, que nos impide avanzar y disfrutar nuestro presente. Los miedos siempre estarán infundados por malas experiencias del pasado, nuestras o de otros, y las proyectamos en nuestro futuro y no queremos vivir las emociones o sentimientos que antes nos causaron y por eso las evitamos, pero Dios hace las cosas nuevas cuando volvemos a él

2 Corintios 5:17 Por lo tanto, el que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo

El pasado no debe controlarnos ni definir nuestro futuro.  SEGUNDO: me emociona la actitud de Moisés de enfrentar su propio miedo, confiando en Dios, para poder motivar a los israelitas a que lo hicieran, los israelitas necesitaban que alguien les dijera “ustedes pueden”. Yo quiero motivarte, al mismo tiempo que enfrento mis propios miedos, para que analices cuáles son tus miedos más profundos, los que te paralizan, los que te impiden hacer algo, los que causan en ti ansiedad, que te falta el aliento y que te dan “dolor de estómago” cuando piensas en ellos.  Quiero compartirte uno de los miedos que más me afectó últimamente y que no lo reconocía, era el miedo a fracasar laboralmente, de no ser productiva, de no poder generar ingresos, 5 años antes no tenía ese miedo, tenía una gran confianza, pero después tuve muy malas experiencias en el lugar que laboré, escuchando muchas veces sobre mí y otros compañeros, que nunca hacíamos lo suficiente para llenar las expectativas de nuestro jefe, ver constantemente gritos y enojo, me fui paralizando, pensaba mil veces antes de tener una iniciativa, muchas veces no podía decir lo que pensaba de algo, aunque mi puesto lo requería, porque si lo hacía y no era lo que mi jefe quería escuchar, como decimos en Guatemala “se armaba la de sanquintín”  y así muchas malas experiencias e injusticias.  Dejé de laborar allí y empecé a buscar trabajo, pero algo en mí me aterraba al volver a buscar trabajo, pero no identificaba qué era, luego pensé en iniciar un nuevo emprendimiento, porque ya había intentado uno, pero sin mucho éxito, pero ni siquiera lograba armar el esquema por escrito porque me distraía con muchas cosas, hasta que un día mi esposo me lo hizo ver y estuve orando varios días, porque sentía los efectos paralizantes del miedo, pero no lo identificaba.  Dios en su bondad me hizo ver que tenía un gran miedo al fracaso, no quería intentar nada, por miedo a fracasar y no poder soportar esos sentimientos que viví en el pasado y pude identificar que había sido mi experiencia laboral de 5 años en la empresa que estuve, la que me había afectado.  Cuando lo identifiqué, ya pude racionalizarlo y pedirle a Dios que me sanará, que me ayudará a recuperar la confianza en mí y por supuesto enfrentar ese miedo confiando en él. Ahora ya he tomado acciones “a pesar de” porque el miedo te sigue asaltando, pero solo se irá si avanzas “a pesar de”.  Mi emprendimiento ya está avanzando, busqué capacitarme y Dios me abrió las puertas para participar en un Centro de Emprendimiento y ahora, pronto saldré a la venta.  El riesgo al fracaso siempre está, pero ahora entiendo que si sucede, solo es un aprendizaje y que no me define y puedo seguir intentando hasta lograr el éxito.Y esto es lo TERCERO que me emociona, al ver la enseñanza que nos dejan las escrituras.  En el versículo 22, dice que los israelitas cruzaron el mar, sobre tierra seca.  Los israelitas estaban paralizados, es decir, no se podían mover por el miedo, pero Moisés les infundió confianza, recordándoles que Dios peleaba por ellos, que Dios los acompañaba y ellos accionaron, se movieron a través de esa esperanza y a pesar de sus miedos. Ellos caminaron y avanzaron toda la noche, no fue un pasito ni un momentito, fueron horas enfrentando el miedo, no se detuvieron, solo avanzaron. ¿Vencieron su miedo? si, por supuesto y solo fue posible porque lo enfrentaron y solo lo enfrentaron, porque confiaron en Dios.

2 Timoteo 1:7 Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor, sino un espíritu de poder, de amor y de buen juicio.

Identifica tus miedos, enfréntalos y supéralos con la ayuda de Dios.  No dejes que te paralicen y recuerda que el enfrentar tus miedos debe volverse un hábito, porque hoy superas unos y mañana aparecen otros. Si no has tenido una relación cercana con Dios, vuélvete a él, habla con él cada día a través de la oración, estudia las escrituras y ponlas en práctica, busca ayuda espiritual, Dios siempre está con los brazos abiertos para recibirnos. Cuando nos unimos a Dios, él nos da su espíritu y las escrituras nos enseñan que no es un espíritu de miedo, por lo tanto, con esta conciencia podemos vivir confiadas que podemos vencer cualquier miedo que nos limite.

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