NO HUYAS, ESCUCHA A DIOS

Jeremías 42: 1-6 Entonces se acercaron Johanán hijo de Carea y Azarías[a] hijo de Osaías, junto con los jefes militares y todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande, y le dijeron al profeta Jeremías: —Por favor, atiende a nuestra súplica y ruega al Señor tu Dios por todos nosotros los que quedamos. Como podrás darte cuenta, antes éramos muchos, pero ahora quedamos solo unos cuantos. Ruega para que el Señor tu Dios nos indique el camino que debemos seguir, y lo que debemos hacer. Jeremías les respondió:—Ya los he oído. Voy a rogar al Señor, al Dios de ustedes, tal como me lo han pedido. Les comunicaré todo lo que el Señor me diga, y no les ocultaré absolutamente nada.Ellos le dijeron a Jeremías:—Que el Señor tu Dios sea un testigo fiel y verdadero contra nosotros si no actuamos conforme a todo lo que él nos ordene por medio de ti. Sea o no de nuestro agrado, obedeceremos la voz del Señor nuestro Dios, a quien te enviamos a consultar. Así, al obedecer la voz del Señor nuestro Dios, nos irá bien.

Es una realidad cuando nos encontramos en una situación sumamente angustiada y complicada, que está totalmente fuera de nuestro control o que no sabemos que hacer, es cuando sentimos una gran necesidad de buscar a Dios, en nuestro interior sabemos que necesitamos claridad, consejo, porque hay mucha desesperación y confusión, esto es así ya sea que no tengamos ningún tipo de relación con Dios, o que nos consideremos mujeres que buscan a Dios constantemente y nos llamemos cristianas.Las situaciones difíciles, que involucran mucho sufrimiento emocional o físico, nos hacen evidente nuestra necesidad de Dios y nos hacen ver nuestra limitación humana para cambiar o controlar las cosas.

Generalmente en esos momentos tenemos un corazón dispuesto a buscar ayuda, a aprender de Dios, a escuchar consejos, a hacer lo que sea necesario para solventar la situación, tenemos una actitud humilde. En los capítulos del 42 al 44 del libro de Jeremías del Antiguo Testamento nos enseña una etapa sumamente dura para el pueblo de Dios, estaban siendo invadidos por Babilonia y era un tiempo de caos y calamidad, los pocos que quedaban no sabían que hacer para evitar la muerte y la destrucción y recurrieron al profeta Jeremías, ya que, en los tiempos antiguos antes de Cristo, Dios levantaba profetas para transmitir su palabra y su voluntad. Dios había advertido a su pueblo, a través de Jeremías, la calamidad que vendría, pero el pueblo no creyó, ni se arrepintió de su mala conducta, ni buscó a Dios. Así que el resto del pueblo que había sobrevivido en este momento de gran dificultad, buscó la guía de Dios.

En nuestros días buscar a Dios sería estar empezando a asistir a la iglesia, aprender de Dios a través de la Biblia, orar y ayunar constantemente, buscar guía y consejo espiritual.

Jeremías 42: 7-16 Diez días después, la palabra del Señor vino a Jeremías. Este llamó a Johanán hijo de Carea, a todos los jefes militares que lo acompañaban, y a todo el pueblo, desde el más chico hasta el más grande, y les dijo: «Así dice el Señor, Dios de Israel, a quien ustedes me enviaron para interceder por ustedes: 10 “Si se quedan en este país, yo los edificaré y no los derribaré, los plantaré y no los arrancaré, porque me duele haberles causado esa calamidad. 11 No teman al rey de Babilonia, al que ahora temen —afirma el Señor—; no le teman, porque yo estoy con ustedes para salvarlos y librarlos de su poder. 12 Tendré compasión de ustedes, y de esa manera él también les tendrá compasión y les permitirá volver a su tierra”.13 »Pero, si desobedecen la voz del Señor, Dios de ustedes, y dicen: “No nos quedaremos en esta tierra, 14 sino que nos iremos a Egipto, donde no veremos guerra, ni escucharemos el sonido de la trompeta, ni pasaremos hambre, y allí nos quedaremos a vivir”, 15 entonces presten atención a la palabra del Señor, ustedes los que quedan en Judá: Así dice el Señor Todopoderoso, el Dios de Israel: “Si ustedes insisten en trasladarse a Egipto para vivir allá, 16 la guerra que tanto temen los alcanzará, y el hambre que los aterra los seguirá de cerca hasta Egipto, y en ese lugar morirán.

¡Bravo! Eran buenas noticias, Dios les respondió con instrucciones claras de qué tendrían que hacer, qué camino seguir, expresándoles su amor, su fidelidad, su compasión, su compromiso para salvarlos y rescatarlos.  Les garantizó la victoria y también fue muy claro lo que sucedería si insistían con su plan, que era ir a Egipto donde en ese momento no había guerra, pero la habría más adelante. Claro que no tenía sentido regresar a Egipto, recuerda que Dios había liberado a su pueblo de Egipto, donde eran esclavos. A veces lo que tanto tememos y que nos hace huir o tomar decisiones precipitadas, tarde o temprano nos alcanza.

Esto me recuerda a una historia real que me contó mi mamá y sucedió a finales del año 1975.  Mis padres vivían en Los Angeles, Estados Unidos y allí pronosticaron que había muchísimas posibilidades que hubiera un gran terremoto en el mes de diciembre (aún siguen pronosticando este gran terremoto).  Mi padre era mexicano y ya había experimentado un terremoto cuando vivía en México y por eso tenía mucho miedo, además que estaba muy enfermo de su circulación y como mi madre era guatemalteca, decidieron irse en diciembre, a Guatemala.  Me cuenta mi mamá que prácticamente salieron huyendo junto con mi hermana de un poco más de 3 años  y yo de casi 2 años. Mientras decidían si se quedaban a vivir en Guatemala o regresaba a México, llegó una madrugada del 4 de febrero de 1976 cuando un gran terremoto sacudió a Guatemala. La casa donde estábamos con mis abuelos, se desplomó totalmente, mi papá se lastimó pero no de gravedad, aunque si influyó a futuro en su enfermedad, muriendo 4 años después.  Mi mamá, nosotras y el resto de la familia no tuvimos mayores lesiones. ¡Y en Los Ángeles no hubo ningún terremoto!

La historia de mis padres, que te compartí con el consentimiento de mi madre linda, no refleja una desobediencia a una instrucción divina, porque no fue el caso, como veremos a continuación que, si fue el caso del pueblo de Dios, pero me pareció importante reflexionar también, en que nunca es bueno tomar decisiones precipitadas o motivadas por huir de lo que nos causa temor, o por evitar revivir sufrimiento del pasado.

Jeremías 43: 1-4 1Cuando Jeremías terminó de comunicarle al pueblo todo lo que el Señor su Dios le había encomendado decirles, 2 Azarías hijo de Osaías, Johanán hijo de Carea, y todos los arrogantes le respondieron a Jeremías: «¡Lo que dices es una mentira! El Señor nuestro Dios no te mandó a decirnos que no vayamos a vivir a Egipto. 3 Es Baruc hijo de Nerías el que te incita contra nosotros, para entregarnos en poder de los babilonios, para que nos maten o nos lleven cautivos a Babilonia».4 Así que ni Johanán hijo de Carea, ni los jefes militares, ni nadie del pueblo obedecieron el mandato del Señor de quedarse a vivir en el país de Judá.

A pesar de que era noticias con un final feliz, mira como reaccionaron.  No quisieron obedecer, no creyeron, no confiaron. ¿Qué pasó con la buena disposición de buscar la dirección de Dios y comprometerse a seguir sus instrucciones, aunque no les gustara? (Capítulo 42, versículos 5 y 6) Ellos solo querían huir a Egipto, huir del sufrimiento.

El corazón del pueblo pasó de la humildad de buscar a Dios y su guía, a la arrogancia de confiar en su propia lógica e inteligencia y desobedecer descaradamente, una clara instrucción divina. Fueron incrédulos y regresaron a Egipto.

Jeremías 44: 7-10 »Y ahora, así dice el Señor, el Dios Todopoderoso, el Dios de Israel: “¿Por qué se provocan ustedes mismos un mal tan grande? ¿Por qué provocan la muerte de la gente de Judá, de hombres, mujeres, niños y recién nacidos, hasta acabar con todos? Me agravian con las obras de sus manos, al ofrecer incienso a otros dioses en el país de Egipto, donde han ido a vivir. Lo único que están logrando es ganarse su propia destrucción, y convertirse en maldición y oprobio entre todas las naciones de la tierra. ¿Acaso ya se han olvidado de todas las maldades que cometieron sus antepasados, de las que cometieron los reyes de Judá y sus esposas, y de las que ustedes y sus esposas cometieron en Judá y en las calles de Jerusalén? 10 Sin embargo, hasta el día de hoy no se han humillado ni han sentido temor; no se han comportado según mi ley y mis preceptos, que les di a ustedes y a sus antepasados”.

Dos cosas vuelven al pueblo de Dios arrogante. La primera es cuando que no reconoce que lo que estaba viviendo el pueblo de Israel era consecuencia de sus pecados, y aunque Dios pasó por alto mucho tiempo sin permitir que vivieran consecuencias y les advirtió una y otra vez que no continuaran por ese camino, específicamente el de la idolatría (rendir culto o colocar como prioridad cualquier cosa, persona o aún uno mismo, antes que a Dios) sin embargo, ellos no se humillaron “de todo corazón” ni quisieron seguir la voluntad de Dios.

Jeremías 44: 16-18 16 —No le haremos caso al mensaje que nos diste en el nombre del Señor. 17 Al contrario, seguiremos haciendo lo que ya hemos dicho: Ofreceremos incienso y libaciones a la Reina del Cielo,[b] como lo hemos hecho nosotros, y como antes lo hicieron nuestros antepasados, nuestros reyes y nuestros funcionarios, en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. En aquel tiempo teníamos comida en abundancia, nos iba muy bien y no sufríamos ninguna calamidad. 18Pero desde que dejamos de ofrecer incienso y libaciones a la Reina del Cielo nos ha faltado todo, y el hambre y la espada están acabando con nosotros.

La segunda cosa que los vuelve arrogantes es que creían que, aunque pecaran contra Dios, no era tan malo porque no tenían consecuencias, todo les iba muy bien, no tenían ningún sufrimiento ni calamidad, ese era su parámetro para medir lo bueno y lo malo, al final lo que les importaba era evitar el sufrimiento, huir de la situación y no el buscar a Dios y hacer su voluntad.

No analices tu vida espiritual por el bienestar o la dificultad que estás viviendo, porque puede ser muy engañoso.

Hebreos 11:6  Pero no es posible agradar a Dios sin tener fe, porque para acercarse a Dios, uno tiene que creer que existe y que recompensa a los que lo buscan.

Realmente los tiempos de dificultad y dolor no deben hacernos huir, más bien, deben llevarnos a escuchar la voz de Dios y ser humildes “de todo corazón” para reconocer la diferencia, es decir identificar si son consecuencias de nuestros pecados o no, y si lo son, debemos arrepentirnos y buscar a Dios, sabiendo que Él no desprecia un corazón hecho pedazos (Salmos 51:17) y reconocer que no siempre, Dios evitará que vivíamos las consecuencias aunque nos arrepintamos de corazón y eso es parte de la humildad, aceptar su soberanía y también cuando estamos en un momento de sufrimiento aún no sea derivado de nuestros pecados, debemos tener la humildad “de todo corazón” , para saber que aún en esa injusticia, angustia, dolor o tristeza, Dios en su soberanía y sabiduría sabe por qué lo ha permitido y lo mejor es buscarlo en esos momentos para conocer su voluntad y seguirla, aunque eso implique una respuesta que no satisfaga nuestra expectativas o nuestra lógica.  Permanecer en Él, siempre será lo mejor.  Si fuera por lógica, no necesitaríamos fe.

Hebreos 1:1-3 1En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo, mediante el cual creó los mundos y al cual ha hecho heredero de todas las cosas. Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es y el que sostiene todas las cosas con su palabra poderosa. Después de limpiarnos de nuestros pecados, se ha sentado en el cielo, a la derecha del trono de Dios.

Dios nos sigue hablando a través de su hijo Jesús. La biblia expresa su voluntad, es nuestra guía.  Dios sigue transformando corazones de arrogantes a humildes, cuando buscamos tener una relación personal con Él “de todo corazón” .

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