LA TRAMPA DE LA RIQUEZA

Alguna vez te has imaginado como hubiera sido el encuentro entre Jesús y tú, si hubieras vivido en el primer siglo, ¿cómo hubiera sido ver, escuchar, saludar a Jesús? ¿Qué le hubieras pedido? Muchos hombres y mujeres en su mayoría aprovecharon su encuentro con Jesús para pedirle que los sanara o que ayudara a una persona querida por ellos, otros pidieron ser parte de su reino y Jesús sin excepción los ayudó a todos.

Lucas 12:13    Uno de entre la multitud le pidió:—Maestro, dile a mi hermano que comparta la herencia conmigo.

No sé tú, pero cuando yo leí esta escritura hace unos días, lo primero que vino a mi mente fue, “que desperdicio de oportunidad” era difícil llegar a Jesús porque ya eran multitudes las que lo seguían y querían escucharlo y querían que los sanara y de pronto este hombre logra hablarle, quién sabe si tuvo que gritar para que Jesús lo escuchara ¿y qué pidió? Pues lo más importante para él, que era tener parte en una herencia, su prioridad eran los bienes materiales y sabía que Jesús tenía autoridad y poder para influir en su hermano y lograr  que éste le diera parte de la herencia.

Lucas 12:14    —Hombre —replicó Jesús—, ¿quién me nombró a mí juez o árbitro entre ustedes?15 »¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—.  Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes».

Jesús no lo ayudó, más bien le hizo ver que Él no vino para tratar los asuntos “triviales” de nuestra estancia en la tierra, para eso hay jueces y árbitros.  Jesús aprovechó la situación para enseñar y advertir a las personas que lo seguían que poner como prioridad el querer obtener abundancia de bienes es Avaricia y que la verdadera vida no tiene nada que ver con que lo material sea lo más importante, más bien tiene todo que ver con que lo espiritual sea prioridad.

Y aunque tal vez tú coincidas conmigo que fue un desperdicio de oportunidad y lo vemos tan claramente, pero en la práctica podemos estar en la misma situación que este hombre.  ¿Cuánto de mi tiempo pienso a cosas relacionadas con obtener comodidad, comprar, generar ingresos? No estoy en contra, para nada, del trabajo responsable para obtener un medio para vivir, pero si no tenemos tiempo para acercarnos a Dios, no invertimos tiempo para aprender de su palabra, no invertimos tiempo para ayudar a los demás desinteresadamente, no compartimos de lo que tenemos con otros que tienen necesidad… porque nuestra agenda está ocupada, entonces en la práctica podemos tener nuestras prioridades equivocadas, como las tenía el hombre que se encontró con Jesús.  ¿En qué se me está yendo la vida? ¿si hiciera una lista de todo lo que hago, tendría que ver con beneficiarme a mí y mis seres queridos o hay espacio para Dios y los demás? … hay mucho en qué pensar, reflexionar y reestructurar nuestras prioridades, como a Dios le agrada.

Lucas 12:16  Entonces les contó esta parábola:—El terreno de un hombre rico le produjo una buena cosecha. 17 Así que se puso a pensar: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde almacenar mi cosecha”. 18 Por fin dijo: “Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes, donde pueda almacenar todo mi grano y mis bienes. 19 Y diré: Alma mía, ya tienes bastantes cosas buenas guardadas para muchos años. Descansa, come, bebe y goza de la vida”. 20 Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?”21 »Así le sucede al que acumula riquezas para sí mismo, en vez de ser rico delante de Dios».

Considero que esta parábola refleja  a un hombre trabajador, responsable, buen administrador de sus recursos, previsor y que había trabajado duro para jubilarse y poder descansar, disfrutar del fruto de su trabajo sin embargo, no pensaba en los demás, no compartía de su riqueza, solo se beneficiaba a sí mismo, se le fue la vida concentrado en trabajar y hacerse rico.

Esta enseñanza de Jesús me confrontó mucho porque me enseña que las cosas aparentemente buenas, pueden volverse una trampa si  no tenemos claro cómo Dios ve las cosas y si no unimos nuestra mente y corazón a esa misma mentalidad espiritual y al final se trata de poner como prioridad, lo que para Dios es prioridad.

Hoy en día el debemos de cuidarnos no solo del enfoque del mundo material en que vivimos, que influye en nuestra forma de pensar y decidir, si no también hay un discurso que ha tomado auge en muchas iglesias y que se enfoca que somos hijos de un rey y por eso debemos esperar tener muchos bienes, riqueza material, lujos entre otras cosas y las oraciones se enfocan en pedir a Dios su ayuda para obtener riqueza, pero no precisamente para compartirla con otros, más bien es para beneficio propio. La clave está en analizar con sinceridad, nuestras motivaciones ¿para qué queremos obtener riquezas?

1 Timoteo 6:17-19   A los ricos de este mundo, mándales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas, que son tan inseguras, sino en Dios, que nos provee de todo en abundancia para que lo disfrutemos. 18 Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. 19 De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera.

Podemos pensar que esta escritura no es para nosotros, porque no nos consideramos ricos sin embargo, todo es relativo, para alguien que no tiene los recursos que tu tienes, tú eres rico y así, tu consideras ricos a los que tienen mucho más que tú.

La biblia enseña que el reino de Dios se trata de la riqueza espiritual, de la gracia y el poder de Dios para transformar el corazón, para tener una relación con él y con los demás, para tener la esperanza en la vida eterna y la resurrección y por supuesto, mientras llega la realización de esa esperanza, Dios espera que vivamos con la misión de transmitir la enseñanzas de Jesús, compartir la esperanza que tenemos y que ayudemos y compartamos de las bendiciones materiales y espirituales que Dios nos da con los demás.  No necesitamos tener el enfoque en los bienes materiales como prioridad, Dios nos provee de todo lo que necesitamos y bendice el fruto de nuestro trabajo.

1 Pedro 1:3-5   ¡Alabado sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Por su gran misericordia, nos ha hecho nacer de nuevo mediante la resurrección de Jesucristo, para que tengamos una esperanza viva y recibamos una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable. Tal herencia está reservada en el cielo para ustedes, a quienes el poder de Dios protege mediante la fe hasta que llegue la salvación que se ha de revelar en los últimos tiempos.

Esta es la herencia por la que, si vale la pena luchar, no se acaba, no se devalúa, Dios nos la regala sin merecerlo y nada ni nadie nos la puede robar o quitar, si nos mantenemos unidos a Dios a través de la fe.

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