DIOS PUEDE LIBRARME ¿Y SI NO?

Hay una historia en el Antiguo Testamento, en el libro de Daniel, que siempre me ha impactado y hoy quiero compartir contigo una reflexión sobre esta enseñanza, enfocada en un temor que hoy por hoy nos está causando mucha ansiedad y angustia. Este temor gira alrededor de cómo nos afecta la pandemia del COVID-19 y va desde la crisis económica, hasta la incertidumbre de contagiarnos o aún peor, si moriremos a causa de ello.

DANIEL 3:13-30 (Versión (NVI) Lleno de ira, Nabucodonosor los mandó llamar. Cuando los jóvenes se presentaron ante el rey,  Nabucodonosor les dijo:—Ustedes tres, ¿es verdad que no honran a mis dioses ni adoran a la estatua de oro que he mandado erigir?  En cuanto escuchen la música de los instrumentos musicales, más les vale que se inclinen ante la estatua que he mandado hacer y que la adoren. De lo contrario, serán lanzados de inmediato a un horno en llamas, ¡y no habrá dios capaz de librarlos de mis manos!  Sadrac, Mesac y Abednego le respondieron a Nabucodonosor: —¡No hace falta que nos defendamos ante Su Majestad!  Si se nos arroja al horno en llamas, el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad.  Pero, aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua. Ante la respuesta de Sadrac, Mesac y Abednego, Nabucodonosor se puso muy furioso y cambió su actitud hacia ellos. Mandó entonces que se calentara el horno siete veces más de lo normal,  y que algunos de los soldados más fuertes de su ejército ataran a los tres jóvenes y los arrojaran al horno en llamas.  Fue así como los arrojaron al horno con sus mantos, sandalias, turbantes y todo, es decir, tal y como estaban vestidos.  Tan inmediata fue la orden del rey, y tan caliente estaba el horno, que las llamas alcanzaron y mataron a los soldados que arrojaron a Sadrac, Mesac y Abednego,  los cuales, atados de pies y manos, cayeron dentro del horno en llamas. En ese momento Nabucodonosor se puso de pie, y sorprendido les preguntó a sus consejeros:—¿Acaso no eran tres los hombres que atamos y arrojamos al fuego?—Así es, Su Majestad —le respondieron. —¡Pues miren! —exclamó—. Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras y sin daño alguno, ¡y el cuarto tiene la apariencia de un dios! Dicho esto, Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno en llamas y gritó:—Sadrac, Mesac y Abednego, siervos del Dios Altísimo, ¡salgan de allí, y vengan acá! Cuando los tres jóvenes salieron del horno,  los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros reales se arremolinaron en torno a ellos y vieron que el fuego no les había causado ningún daño, y que ni uno solo de sus cabellos se había chamuscado; es más, su ropa no estaba quemada ¡y ni siquiera olía a humo! Entonces exclamó Nabucodonosor: «¡Alabado sea el Dios de estos jóvenes, que envió a su ángel y los salvó! Ellos confiaron en él y, desafiando la orden real, optaron por la muerte antes que honrar o adorar a otro dios que no fuera el suyo.  Por tanto, yo decreto que se descuartice a cualquiera que hable en contra del Dios de Sadrac, Mesac y Abednego, y que su casa sea reducida a cenizas, sin importar la nación a que pertenezca o la lengua que hable. ¡No hay otro dios que pueda salvar de esta manera!»Después de eso el rey promovió a Sadrac, Mesac y Abednego a un alto puesto en la provincia de Babilonia.

Estos 3 jóvenes, trabajaban para Nabucodonosor, pero tenían algo diferente a los demás, eran jóvenes que amaban y veneraban a Dios. Tenían una relación estrecha con Dios y habían llegado a conocerlo, a través de la obediencia de sus mandamientos. De pronto se encuentran en una situación muy difícil donde sus propias vidas están en riesgo, si no se postraban ante la imagen del Rey. Para ellos era prioridad mostrar reverencia a Dios y sabían que el Rey quería que lo adoraran a través de inclinarse ante su imagen y eso era idolatría y significaba ofender a Dios, no estaban dispuestos a negociar sus convicciones, aunque les costara la vida.

Me impresiona muchísimo su valentía, su profunda convicción, pero sobre todas las cosas, me impresiona grandemente su fe y confianza en Dios cuando dicen: …”el Dios al que servimos puede librarnos del horno y de las manos de Su Majestad. Pero, aun si nuestro Dios no lo hace así, sepa usted que no honraremos a sus dioses ni adoraremos a su estatua“… Confiaban profundamente que Dios tenía poder para protegerlos y salvarlos, pero también confiaban en su gran soberanía si decidía algo diferente y aquí está la clave “estaban dispuestos” a aceptar su voluntad con total confianza, porque sabían que eso da honra y gloria a Dios, una actitud así muestra verdadera reverencia y adoración espiritual, porque si nuestra fe se basa SOLO en que Dios nos pueda librar de todo mal, no hemos conocido a Dios completamente.

En este tiempo difícil que a todos nos toca enfrentar la pandemia del COVID-19, vino a mi mente esta escritura para reflexionar en que debo estar preparada para enfrentar todas las posibilidades, con la actitud de honrar a Dios como prioridad.

Infinidad de creyentes cristianos han inundado las redes sociales con escrituras, frases y oraciones, todas enfocadas en que Dios mostrará su amor y protección librándonos del COVID-19 y está bien, creo con todo mi corazón que Dios tiene poder para librarme a mí y a mi familia y a todo creyente y realmente, a quién Él quiera librar, ¿pero si no decidiera librarme?, ¿si yo me contagiara y sufriera o incluso si muriera a causa de la enfermedad o si mi familia enfermara o muriera, o si no tuviera ingresos y llego a pasar hambre y pobreza? ¿sería falta de fe de mi parte? ¿sería que Dios no fue compasivo conmigo? ¿porque no hablamos de esta posibilidad?

¿Acaso no eran tres los hombres que atamos y arrojamos al fuego?—Así es, Su Majestad —le respondieron.—¡Pues miren! —exclamó—. Allí en el fuego veo a cuatro hombres, sin ataduras y sin daño alguno, ¡y el cuarto tiene la apariencia de un dios!

Me impacta ver cómo Dios estuvo con estos jóvenes en el momento de la prueba y los libró. Esto me da mucha convicción que mi confianza no debe de limitarse solo en la idea que si Dios está conmigo significa que, no debo enfermarme, no debo sufrir o no debo morir, NO, una verdadera confianza en Dios es creer que para él no hay nada imposible y que su poder es ilimitado para salvarme de todo mal, pero también si en su voluntad, Él permite que yo pasé por el fuego de la prueba, me enferme o tenga sufrimientos, él estará conmigo y ESO LO ES TODO, eso cambia cualquier prueba, que Dios me sostenga y me fortalezca.

En esta escritura fue la voluntad de Dios salvar la vida de los 3 jóvenes y glorificarse haciendo que el Rey Nabucodonosor reconociera públicamente que …”no hay otro Dios que pueda salvar así”… Pero más allá de la salvación física, esta escritura nos enseña la disposición de honrar a Dios, al extremo de morir, es una enseñanza sobre la confianza total que un hombre o mujer puede llegar a tener cuando tiene una relación cercana con Dios y entiende que Dios se glorifica cuando aceptamos la soberanía de su voluntad, cualquiera que ésta sea, incluso morir, porque confiamos y tenemos esperanza en la vida después de la muerte, confiamos en un Reino Espiritual que no es de este mundo.

“DIOS PUEDE LIBRARME Y ¿SI NO?…LO HONRARÉ CONFIANDO EN ÉL, HASTA LA MUERTE”

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